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GERMAN ALEGRE PIENSA Y ESCRIBE

LA PROBEZA

Los gritos de la calle anunciaban un nuevo día. Me levante del banco y con un suave crujido de mis huesos me enderecé. Veía la luz y la gente pasar a mi lado, nada parecía distinto a cuando salía del portal de mi casa. Hoy era diferente. No había contacto con nadie y nadie parecía ver mi rostro triste y apesadumbrado envuelto en la aurea de una calle, de una ciudad .de un país cualquiera.

Lentamente caminaba sin destino, miraba las tiendas que un día me abrían las puertas y me daban los buenos días, esos portales de casas que visitaba y entablaba conversaciones con vecinos que nos contabamos con una sonrisa el ayer de un partido de fútbol o el crecer de unos hijos que nos hacían felices. 

Esas cafeterias que en furor de una molienda de café te dejaban el desayuno en tu sitio y te miraban con complicidad. 

Ese quiosko de pepe, que te tenía guardada la prensa económica y te preguntaba por sus inversiones.....

Pequeños detalles que a uno le hacían sentir bien. 

Ya no hay nada de eso. El paro y la edad hicieron de mi persona un vagabundo con sus ideales que nadie conoce ni nadie comparte.

Como humano, la verguenza, me hace sufrir en soledad lo que los tiempos nos marcan. 

Largas filas de comedor ,roeado de zombis que sólo aspiramos a comer caliente. Porteros con guantes para no tocar, no fueran a contagiarse de nuestro destino.

El día llega a su fín. Entrada la noche los refugios se llenan y hoy no ha habido suerte

El banco me espera, y el frío hará de mi ser ,un muerto viviente. 

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