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GERMAN ALEGRE PIENSA Y ESCRIBE

LAS CAMPANAS DEL SILENCIO.

Evaristo paseaba lentamente, arropado por el sonido de su caduco báston, que entonaba la melodía al paso acompasado de sus trabajados pies.

No hacía sino voltear  la mirada ,al ingente trasiego de gente, que no hacía sino pulular con bolsas y sonrisas con destinos dispares. 

Evaristo ya estaba próximo al portal. El chasquido de sus muelles ,al abrir, dejo trás de si un silencio......

Ya no se escuchaba nada más que el agitado respirar de Evaristo que subía las escaleras en su lento peregrinar de llegada a casa. El eco de unas escaleras que arropaban el desgaste de ese buen hombre y tornaban un gris a la apertura de su casa. No había saludos, ni miradas, ni sonrisas.......

Lentamente postraba sus huesos al calor de unas luces que tras la ventana le iluminaban su rostro. No había nada que poder hacer. La luz del hogar no prendía, la voz de su amado transistor yacía sin pilas. No había televisor. 

Sus labios, sellados del silencio, no podían sino arropar las lágrimas que fluian por sus mejillas. 

Pasaban los minutos.... todo seguía igual. Lentamente Evaristo alzó sus manos y fiel a su protocolo besó la virgencita de su alcoba. El gris seguía ,levemente amortiguado por el vuelo de las sábanas......

No hubo campanadas. 

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